Mujeres que Inspiran el Cambio: Eleanor Roosevelt

Ellen Chesler, IPPF Consejo

Preparándose para celebrar el décimo aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Eleanor Roosevelt se dirigió a la nueva sede de la organización en el lado este de Manhattan. La ocasión del 27 de marzo de 1958, fue una ceremonia pequeña, casi imperceptible para lanzar una guía de acción comunitaria en materia de derechos humanos. Allí, con la esperanza de reavivar el interés en el documento histórico que se había forjado bajo su hábil liderazgo, lanzó varias frases que se han convertido en sus frases más famosas:

¿Dónde, después de todo, comienzan los derechos humanos? En lugares pequeños, cerca de casa - tan cerca y tan pequeños que no aparecen en ningún mapa del mundo. Sin embargo, están en el mundo individual de cada persona: El barrio en el que vive, la escuela o universidad a la que asiste, la fábrica, granja u oficina donde trabaja. Esos son los lugares donde cada hombre, mujer y niño busca igualdad de justicia, igualdad de oportunidades e igual dignidad sin discriminación. A menos que allí estos derechos tengan significado, estos tendrán un significado mínimo en cualquier otro lugar. Sin una acción deliberada de los ciudadanos para defender sus derechos desde casa, vamos a buscar en vano el progreso en el resto del mundo.

Las observaciones de la Sra. Roosevelt reconocen tácitamente que la marcada visión que ella y otros había presentado para un mundo de posguerra regido por acuerdos de seguridad colectiva y basados en una doctrina de derechos humanos universales que trascienden la soberanía de los estados estaba en problemas, víctima de las políticas de la Guerra Fría. Ella se encontraba en un silencio desesperado por el reconocimiento del estado y el cumplimiento de los derechos humanos internacionales, a pesar de eso, su convicción por el progreso podía avanzar entre las familias y las comunidades locales, donde los hábitos de tolerancia y de una ciudadanía democrática es lo primero en ser inculcado, no solo se nace con el idealismo. A pesar de que la agenda principal de los derechos humanos pareciera haber sido fundada en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, los pasos posteriores fueron tomados por las Naciones Unidas para ampliar las definiciones aceptadas de cómo los derechos se constituyen y se codifican en las comunidades de todo el mundo-especialmente con respecto a los derechos de los las mujeres, un asunto que en particular la Sra. Roosevelt le había tomado mucho interés. En esta todavía etapa formativa, pero potencialmente importante de la revolución de los derechos humanos, la Sra. Roosevelt tuvo buenas razones para sentir un poco de aliento.

Los derechos de las mujeres por primera vez fueron comprendidos como parte fundamental de los derechos humanos a través de los esfuerzos decididos de un pequeño grupo de mujeres de todo el mundo que se reunió en los albores de las Naciones Unidas e insistió en que la discriminación sexual debía ser parte de la conversación. Descubrir esta evolución es un correctivo necesario para una historiografía aún incipiente de la organización de derechos humanos más grande hasta ahora, que generalmente, las había ignorado.

Este ensayo es un extracto de: La revolución inconclusa: Voces de la lucha global por los Derechos de la Mujer (The Unfinished Revolution: Voices from the Global Fight for Women's Rights).

Ellen Chesler, PhD, es investigadora sénior en el Instituto Roosevelt y miembro del Comité Asesor de la División de los Derechos de la Mujer de la organización Human Rights Watch. Entre otras obras, además de otras obras, es coeditora con Wendy Chavkin, MD, de: Donde comienzan los derechos humanos: Salud, Sexualidad y mujeres en el nuevo milenio (Where Human Rights Begin: Health, Sexuality and Women in the New Millennium). Este ensayo sobre los fundamentos históricos de los derechos humanos de las mujeres se basa en la introducción de Chesler a ese volumen.

Fotografía: Jeff Kubina


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