Alegre defensora de Panamá: Una entrevista con Juana Cooke

Mandy Van Deven, Administradora de contenido en linea

La pasión que Juana Cooke aporta a su trabajo sólo se puede definir como contagiosa. La Directora Ejecutiva de la Asociación Panameña Para El Planeamiento de la Familia (APLAFA) se gana a la gente con su agudo ingenio y humor alegre. Pero cuando todo se reduce a que las mujeres puedan tener autonomía sobre su propio cuerpo y al acceso a servicios de salud sexual y reproductiva, Juana Cooke lo toma muy enserio.

Juana entiende que la violencia de género es un tema de salud sexual y reproductiva, manteniendo firmemente la convicción de que los derechos de las mujeres son derechos humanos. En un mundo donde la violencia de género incapacita y cobra la vida de mujeres de entre 15 y 44 años en una escala mayor que el cáncer, la malaria, los accidentes de tráfico y la guerra juntos, la posición de Juana al mando de una organización no gubernamental que provee información y servicios en salud sexual y reproductiva en Panamá, la pone en primera fila.

En esta entrevista, Juana explica cómo APLAFA no solamente provee servicios de salud. También proporcionan a las mujeres información y recursos que les permita planificar su futuro y hacer realidad sus planes.

¿Qué le motivó a participar en el trabajo para poner fin a la violencia de género?

A pesar de que he aprendido a trabajar con varias comunidades para desarrollar empatía y fomentar los derechos humanos, fue duro confrontarme con la teoría sobre la violencia y la desigualdad de género dentro de mi experiencia personal. Soy víctima sobreviviente de un delito sexual. Tuve que hacer frente y cuestionarme a mí misma ‘¿qué hice yo para merecer el ataque?’, hasta los propios procesos de re-victimización. Al hablar con otras mujeres que han vivido violencia, y otras que eventualmente perdieron la vida, me ayuda a poner mi propia experiencia en perspectiva.

Cuando era estudiante, tuve la suerte de trabajar en una ONG llamada Centro de Estudios y Acción Social Panameña. La misión de CEASPA estaba inspirada en la teoría de la educación popular latinoamericana y feminismo, fue ahí mi primera experiencia de trabajo con sobrevivientes de la violencia de género. Es profundamente gratificante cada vez que una mujer me dice que después de haber hablado conmigo, presentó una denuncia ante las autoridades y nunca miró hacia atrás.

¿Cómo se percibe la violencia de género en Panamá?

La violencia contra las mujeres tiene sus raíces en esta concepción de desigualdad entre el hombre y la mujer, pero eso no se reconoce como tal. Todavía vemos el problema como algo que debe ser tratado en la intimidad de nuestros hogares, no en las instituciones públicas. No identificamos la falta de acceso a métodos de planificación familiar y la falta de educación sexual integral en las escuelas públicas como algo que genera violencia contra las mujeres. Volviéndose un problema de percepción, en el cual la comunidad asume que las mujeres son las del problema, no el sistema, haciéndole difícil sostener una denuncia. Por lo cual, no hay ningún tipo de acompañamiento social.

¿Cómo se trata la violencia de género en Panamá?

En Panamá, como en muchos países del mundo, hemos desarrollado campañas educativas y políticas relativas a la violencia de género, pero no nos hemos centrado en lo que sucede cuando una mujer presenta una denuncia. Las mujeres que vinieron antes de nosotras en el movimiento feminista dedicaron su vida instituyendo políticas públicas y un marco jurídico que garantice la igualdad de género y reducir la violencia de género. Tenemos que seguir reconociendo el problema de la violencia contra las mujeres como una prioridad en la política del Estado, pero la falta de justicia en este tipo de casos viene de mucho tiempo atrás y es histórica.

La violencia de género no es sólo un asunto de mujeres, es un problema nacional de derechos humanos que exige la supervisión y rendición de cuentas por parte del gobierno. Muchas veces, las ideologías personales sustituyen a la implementación de políticas a nivel nacional y retrasar la aceptación de las recomendaciones de derechos humanos establecidos en los acuerdos internacionales.

El reto de nuestra generación es el desarrollo de relaciones y comunidades igualitarias y no violentas. Tenemos que desarrollar nuevas capacidades y tomar nuestras actividades a las zonas rurales de manera que se respeten sus necesidades y circunstancias únicas. Para hacer eso, necesitamos recursos adecuados y un proceso para asegurar que las protecciones legales son eficaces. Hay una tremenda falta de recursos asignados a este tipo de proyectos.

¿Qué papel juegan los hombres para poner fin a la violencia de género?

Como madre de un hijo, me doy cuenta de que existe la necesidad de desarrollar nuevas capacidades en jóvenes y adultos, para que puedan construir su identidad de género sin violencia y desarrollen nuevas formas de expresar la masculinidad. Para lograr esto, debemos tomar conciencia de nuestro propio género como producto de una sociedad llena de machismo, homofobia y violencia basada en el género. Entonces, es imprescindible realizar un proceso de auto-revisión de las formas en que nos relacionamos con el mundo. Quiero ser capaz de mirar a los ojos de mi hijo y decirle que yo vivo una vida de constante revisión.

Hay muchos hombres jóvenes comprometidos con la búsqueda de nuevas formas de masculinidad y la construcción de relaciones no violentas. Eso me da esperanzas.

¿Cómo APLAFA contribuye a la solución?

En APLAFA, ofrecemos un enfoque integral de la violencia de género: prevención, atención y respuesta. Trabajamos con jóvenes de diversas comunidades para ofrecer educación sobre la violencia en el noviazgo y cómo tener relaciones saludables románticas. Formamos parte de redes nacionales y regionales contra la violencia, donde las instituciones gubernamentales y públicas trabajan con los miembros de la sociedad civil para destacar actividades de prevención de la violencia de género. También participamos en proyectos de advocacy con tomadores de decisiones clave, como la Comisión de la Mujer y la Familia, para llamar la atención sobre el problema de la violencia en Panamá y trabajar para promulgar soluciones políticas.

Dentro de la organización, hemos creado una Unidad de Género, Mujer y Familia, que nos permite tener un enfoque transversal del tema. Además de proporcionar servicios de salud, nos asociamos con otras organizaciones comunitarias para brindar asesoramiento y apoyo legal a mujeres que han sufrido violencia. Hemos desarrollado un entrenamiento para aumentar el conocimiento de nuestro personal sobre violencia de género, mejorar nuestra capacidad para detectar casos de maltrato, y sistematizar la capacidad de respuesta cuando se sospeche sobre violencia. Este mes, vamos a dar una ponencia en un seminario profesional de salud en nuestro nuevo sistema para registrar mejor la historia clínica de un cliente y utilizar la información como una herramienta de detección de violencia basada en género.

Hay personas que han estado trabajando con APLAFA durante 43 años y que aún organizan cursos y talleres sobre violencia de género. Personas que demuestran tanta energía, fuerza y compromiso que no tienes más que mirarlas para no desanimarte, para decir “sigue, besa la bandera y continúa”.

Si pudieras decirle a su gobierno que cambie una cosa para ayudar acabar con la violencia de género en su país, ¿cuál sería?

Nuestro gobierno debe asignar recursos financieros suficientes para hacer frente a la violencia contra las mujeres e institucionalizar métodos de auto-responsabilidad. Ya contamos con un sólido marco legal en Panamá, y si los acuerdos políticos existentes se llevaron a cabo, podríamos estar jugando un juego diferente. A pesar de nuestras mejores intenciones, APLAFA no tiene la capacidad para hacer frente a la necesidad nacional, ni siquiera si hemos sido capaces de unir fuerzas con cualquier otra organización en el país dedicada a acabar con la violencia de género. El compromiso y los recursos deben provenir del gobierno con el fin de tener una respuesta eficaz y duradera, hasta que eso ocurra todos nuestros esfuerzos serán de corta duración.

¿Quién te inspira para seguir trabajando en este tema cuando empieza a ser muy pesado?

Como parte del movimiento feminista en Panamá, he oído tantas historias de resistencia, la resistencia y empoderamiento - pero una destaca del resto. Hay un hombre panameño llamado Conrado Cuevas, cuya hija de 24 años de edad, Alí, fue asesinada por su novio en México el 19 de septiembre de 2009. Alí fue una activista feminista, y el Sr. Cuevas estaba orgulloso del trabajo que estaba haciendo. Ahora, todos los años el 25 de noviembre, Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, marcha en memoria de su hija. Su capacidad de proyectar el amor en la estela de la tragedia es pura inspiración.


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