Yo soy un verdadero hombre, acabando con la violencia.

Samuel Nemir Olivares, Director Joven Profamilia Puerto Rico

De hombre a hombre: Quizás hemos llegado a pensar en algún momento de nuestras vidas que la mujer es el sexo débil. Pero ¿qué o quién nos ha hecho pensar eso?

Históricamente, las mujeres han sido objeto de opresión, de nuestro interés por preservar una hegemonía masculina a fuerza. Nos creemos más aptos, nos creemos más inteligentes y nos sentimos con el derecho oprimir sus vidas por razón de nuestra “naturaleza superior”.
Hombre, caballero o macho… desde pequeños se nos ha inculcado directa y simbólicamente una supuesta “hombría” que debemos honrar y demostrar para dominar sobre y a la mujer.

¿Qué es, donde está y porqué? Todas estas características nos han sido inculcadas y han tomado forma abstracta en lo que hoy llamamos, género.

La violencia ejercida por nuestro género masculino a la mujer tiene raíz en esa creencia de supremacía, en el pensamiento absurdo que nos hace pensar que la mujer nos pertenece y que nos debe obediencia. Lo que demostramos al atacar a una mujer no es “hombría” ni bravura de “macho”, sino un débil y miedoso acto que refleja nuestras inseguridades y la vulnerabilidad de nuestra identidad y autoestima.

A lo largo de la vida, se ha visto que la mujer ha vivido los más dolorosos ataques físicos, patrones constantes de violencia psicológica con amenazas, encierros, gritos e insultos. Ha sufrido violaciones sexuales, han sido vendidas como mercancía y atacadas como estrategia de guerra. En los más decepcionantes casos, han sido asesinadas en nuestras manos, aquellas que en algún momento fueron inspiración de vida y amor.

Hemos desestimado el rol de la mujer a objetos sexuales y a figuras maternas encargadas de nuestra asistencia y nuestra prole. Hemos coartado a la mujer su libertad individual, la autonomía sobre su propio cuerpo y determinación por ejercer un trabajo fuera del hogar y desarrollarse profesionalmente. La clave principal para el desarrollo de una nación yace en el empoderamiento de las mujeres.

Caballero, reflexionemos. No somos más que las mujeres; somos la misma esencia humana, con cuerpos distintos.

Seamos conscientes del daño que hacemos, del dolor que causamos y las muertes que provocamos. Nuestras vidas están rodeadas de mujeres y de seres humanos que merecen el mismo respeto y vivir rodeados de amor.

Hombre, te exhorto, a que desde hoy hagas de ti un hombre verdadero y seas parte de un mundo sin violencia en contra de la mujer.


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