Carta abierta a los hombres caribeños sobre violencia basada en género

Patrice Daniel, Coordinador de la Red de Jovenes

Queridos hombres caribeños,

No tenemos que sonreír para ustedes. Nuestras sonrisas son nuestras. Nuestros labios son nuestros y nuestras sonrisas son una celebración de nuestra felicidad. No tenemos que sonreír porque es una orden. No somos muñequitas negras, bonitas y pequeñas cuya sonrisa fue pintada con pintura roja y un cepillo de plástico. A veces, estamos ocupadas. Estamos ocupadas pensando en las tendencias geopolíticas, las siguientes 10 millas que vamos a correr y el último partido de cricket. Estamos demasiado ocupadas como para ser la decoración sonriente que se espera que seamos. Nuestras caras pueden estar pensativas, enojadas, tristes, pacíficas, meditativas o aburridas. Así que dejen de molestarnos, hombres caribeños. Dejen de venir hacia nosotras para acosarnos y exigirnos una sonrisa. No tenemos que sonreír para ustedes. Nuestras sonrisas son nuestras.

No tenemos que contestarles si no queremos. Nuestros nombres son nuestros. No se nos bautizó "¡Hola, nena!" No tenemos que darnos la vuelta y fingir que nos gusta ser llamadas como si fuéramos mascotas. No estamos encantadas cuando nos persiguen e invaden nuestro espacio. No tenemos que conversar con ustedes mientras nos están bloqueando nuestro camino. No nos sentimos halagadas cuando se ponen a discutir en grupo sobre nuestras figuras, compitiendo para ver quién puede hacer la observación más vil. No lo tomamos como un cumplido cuando hablan sobre nuestros cuerpos y nos dicen lo que piensan hacer con ellos. Así que dejen de molestarnos, hombres caribeños. Dejen de hacernos sentir incómodas, y de darnos miedo de caminar solas por las calles de nuestros propios países. No tenemos que contestarles. Nuestros nombres son nuestros.

No tenemos que bailar con ustedes. Nuestras caderas son nuestras. Que hayan podido ser parte de la fiesta no quiere decir que tengan acceso libre a nuestras cinturas, pechos, ni traseros. No firmamos un papel dándoles permiso cuando entramos por la puerta. No tienen derecho a enojarse porque no queremos que ustedes sean un apéndice permanente. No tienen derecho a agarrarnos, sujetarnos, ni a forzar sus cuerpos contra los nuestros. Nuestro papel en la fiesta no es el de divertir, entretener, o servirles de poste para que bailen el perreo. Atrévanse a imaginar que nos gusta bailar solas. Atrévanse a imaginar que nos gusta bailar con nuestros amigos. El hecho de que bailemos con otros hombres no significa que ahora les debemos algo a ustedes. Así que dejen de molestarnos, hombres caribeños. Dejen de degradarnos y de insistir que aceptemos sus avances. No tenemos que bailar con ustedes. Nuestras caderas son nuestras.

No nos vestimos para ustedes. Nuestros cuerpos son nuestros. La longitud de una falda no es un mensaje personal para ustedes. El escote no es una invitación. Igual que el resto de los zapatos, los nuestros no pueden hablar. Por lo tanto, nuestros tacones no dicen "Quiero tener sexo contigo". Nuestras piernas no son campanas que resuenan a viva voz diciendo "¡Vengan por mí!" No pueden decir que nuestra piel desnuda les provocó. No pueden decir que perdieron el control. Asuman la responsabilidad de sus comportamientos tanto como nosotras nos hacemos responsables de los nuestros. Y dejen de molestarnos, hombres caribeños. Dejen de usar nuestra vestimenta como una excusa cuando nos violan o se abusan de nosotras. No nos vestimos para ustedes. Nuestros cuerpos son nuestros.

Atentamente,
Las mujeres caribeñas.


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