Yo soy un chavo gay, acabando con la violencia.

Ricardo Baruch, Colaborador Invitado

Cuando escuchamos el término “violencia de género” probablemente lo que se nos viene a la mente es una mujer siendo golpeada por su esposo o una chica siendo amenazada por su novio, pero la violencia de género va más allá de las relaciones de los hombres con las mujeres. La homofobia y la transfobia son otras expresiones de la violencia de género.

Hace un año, en marzo del 2013, la activista Agnes Torres fue asesinada en Puebla, México, por un grupo de jóvenes que consideró que por ser transexual, Agnes podía ser una víctima fácil de asalto que eventualmente se convirtió en homicidio. Los jóvenes consideraron que su hombría podría someter a una mujer que por su condición de trans, sería más vulnerable incluso que una mujer biológica.

Otro ejemplo muy claro es el de quien escribe estas líneas. Cuando iba a la escuela primaria y secundaria fui objeto de acoso y bullying por parte de mis compañeros que consideraban que un hombre que no jugaba futbol merecía estar con las mujeres y tratado como tal. La violencia de género estaba ahí presente, en los niños de 9 años que veían que el salirse de los roles tradicionales estaba mal y, que claramente estaban influenciados por sus familias, los medios de comunicación y sus pares más grandes.

Las mujeres sufren de violencia institucionalizada pero los gays, lesbianas, bisexuales y trans pueden llegar a sufrir mucho más ya que el sólo hecho de serlo es motivo para que sean encarcelados como es el caso en muchos países de Africa, e incluso ejecutados como en varios países del Medio Oriente. Pero, ¿qué hacer en este panorama?

Es importante cambiar las leyes que permiten la violencia hacia la población LGBT tal como lo recomienda la Oficina de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en su reporte “Nacidos libres e iguales”, pero también hay que promover el respeto a la dignidad y los derechos de todos sin importar su orientación sexual o su identidad de género, como lo ha recomendado Ban Ki Moon, Secretario General de las ONU, en varias ocasiones.

La educación integral en sexualidad es clave para éste último punto ya que hay una oportunidad para que las y los niños así como las y los adolescentes conozcan la verdad sobre la diversidad sexual y la importancia de respetar a las personas no-heterosexuales y a las que no tienen una identidad sexo-genérica. La UNESCO recomienda incluir temas LGBT en la curricula de las escuelas de educación básica y media para ayudar a evitar la discriminación y la violencia.

En la mayoría de los países de América Latina hay leyes que intentan proteger a las mujeres pero también a las personas LGBT de la violencia, sin embargo, los cambios legales no necesariamente se han visto reflejados en las opiniones de la sociedad por lo que se necesita que las escuelas, los medios y las familias sean los núcleos donde se le enseñe a las nuevas generaciones que la violencia es inaceptable en cualquier circunstancia y más aún cuando es provocada por el simple hecho de ser diferente.


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