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Derechos Sexuales Son Derechos Humanos

Es un gran honor estar aquí hoy con ustedes. Tengo el placer de  representar a una organización que lucha por el respecto de los derechos sexuales de todas y todos, y que ha avanzado mucho en los derechos de las personas que viven con el VIH/SIDA. Quiero dedicar esta charla a Humberto Arango, mi querido amigo y compañero de trabajo, que mucho ha hecho para transformar nuestra organización  en muchas áreas, y muy especialmente en hacer explícita nuestra política de no–discriminación en relación a los y las que viven con VIH/SIDA.

Por este motivo, quiero leer algunas palabras escritas por Humberto:

Creo que como dice el poeta se hace camino al andar,  aunque a veces los caminos que tomamos no eran los esperados.

En 1986 fui a mi examen médico general tal como lo hacía cada año. Al final del examen el médico me dijo que yo presentaba una inflamación generalizada de los ganglios y que debía hablar con mi medico regular. Fui a verlo.  Entré a su oficina, el leía unos documentos,  levanto la cabeza y me dijo: usted es HIV+.  Después de unos minutos  le pregunte ¿pero no existe otra posibilidad?  El replico, solo que tenga sífilis. Haremos un examen de sangre, llame en un par de días. Por aquella época aún se consideraba poco menos que una sentencia de muerte y aún cuando alguien moría, si se admitía que era consecuencia del SIDA, se lo decía en voz baja. Después de dos días en constante pánico, cuando hablé con él médico él me dijo: usted no tiene sífilis,  así que no hay otra explicación. No sé cuánto tiempo me tomó recuperarme, pero cuando pensé decir algo ya él había colgado el teléfono.

Mi pareja me apoyó desde el primer momento pero creo que ambos encontrábamos difícil hablar de esto. Una CULPA con mayúscula impedía la comunicación. El pánico continuaba, pero una luz se encendió cuando pude hablar con médicos y trabajadores sociales de una ONG quienes me informaron sobre lo que se sabía y concluyeron que mi sistema inmunológico estaba bien.

Varios años pasaron yendo a grupos de apoyo, conversando con otra gente viviendo con VIH/Sida. El pánico disminuyo, sin embargo fuera de mi pareja, de las personas en los grupos de apoyo y de un par de amigos a nadie me atrevía a contarle que yo era positivo.

El momento llego cuando el nivel de las células T requería que empezara a tomar medicinas. Decidí que no lo haría a través de mi seguro medico, temía que de esta manera mi oficina supiera y no estaba seguro de cómo reaccionaría la oficina ante este hecho.  Por esta razón iba a recibir mis medicinas a un hospital público.

Durante estos años al peso de la infección se añadía la ansiedad y la rabia que me causaba escuchar la forma en que colegas en algunas de las organizaciones en que trabajaba se referían a la gente viviendo con VIH/Sida, particularmente el término sidosos me causaba repugnancia. Personas viviendo con VIH/Sida habían sido despedidas, amigos morían a causa de la infección y no me atrevía a compartirlo con nadie.

Hoy pienso que la rabia tuvo efectos más positivos que la culpa, al menos la rabia me impulsaba a actuar.  La imagen que viene a mi mente es la de estar sumergido en el agua, no poder respirar, pero con terror de salir a la superficie. 

Poco a poco fui revelando mi secreto, a unos amigos en la oficina, a colegas en otros lugares y finalmente al personal en pleno de mi oficina, a la Junta Directiva de mi organización y al Consejo de Gobierno de esta. Para mi es claro que este tipo de decisión debe ser tomada libre y conscientemente  por cada individuo. Para mí fue altamente librante y contribuyó a acelerar un proceso de cambio en mi organización. Lo extraordinario fue que liberándome a mí mismo contribuía a la liberación de otros.
Estigma y discriminación no son para mí solo conceptos, son vivencias que hoy comprendo hacían el proceso infinitamente más doloroso y difícil y contra las cuales es necesario luchar en nosotros y en otros.

Hoy en día estoy bien de salud, trabajo regularmente, crecí como ser humano y el ser positivo es algo con que vivo, pero no algo que me define. Mi organización ha avanzado enormemente en su apertura hacia el tema del VIH y hoy en día abiertamente indica que es una organización que no discrimina contra personas con VIH.

Continúo recorriendo el camino que se abrió en 1986, pero el peso que cargo se hizo mucho menor. 

Este  testimonio  de Humberto, hecho en diversas reuniones grandes, fue  un regalo muy precioso  para todos y todas las que trabajamos en la región del HEMISFERIO  Occidental de la Federación Internacional de Planificación de la Familia, la IPPF. El empezó  a hacerlo hace pocos años cuando decidimos adoptar una política de igualdad de oportunidades para personas que viven con VIH/SIDA que se presentan como candidatos para  trabajar o que ya están trabajando en nuestra organización. Al adoptar esta política, decidimos realizar seminarios intensivos con todas las personas que trabajan en la organización desde la recepcionista hasta la directora, que soy yo,   para que todos y todas nos educáramos sobre los efectos perniciosos del estigma y la discriminación y supiéramos como implementar correctamente la política. Estos seminarios presentaron resultados de investigaciones y fueron cuidadosamente planeados. Pensamos que serían muy útiles para el personal más técnico o de apoyo, que no está tratando directamente con asuntos de salud sexual y reproductiva en su trabajo diario. En realidad, todos y todas en la oficina aprendimos mucho de la información científica compartida, y aun más con el testimonio de Humberto que al reportar la experiencia vivida por uno de nuestros colegas, despertó profundas emociones.

 La IPPF ha avanzado enormemente en los últimos años en esta área. El año pasado la IPPF creó una sociedad denominada IPPF+ que agrupa a los voluntarios y personal de la IPPF que son HIV+

Yo se que para muchas personas viviendo con VIH/Sida la decisión de hacer público su estatus no es fácil. El peligro de retaliación es real y grande, los riesgos pueden ser muchos. Pero los beneficios también pueden ser enormes. Yo he visto gente que tenía muy fuertes prejuicios y que han cambiado cuando una persona que vive con VIH/Sida admirada y respectada les ha revelado su estatus.  En verdad, hay analistas que atribuyen la liberalización de las leyes y de la opinión pública que ha ocurrido en muchos países en los últimos años al hecho que hay hoy en día más personas revelando su estatus y su orientación sexual. 

Humberto siguió impactando la IPPF cuando el presentó su testimonio a la reunión anual de las asociaciones de todos los países que son miembro de la IPPF. Eso fue hecho en el contexto de la discusión de la Declaración sobre Derechos Sexuales, en la cual participaron también activistas feministas, como Sonia Correa  y líderes de los derechos humanos, como Tony Romero, presidente del ACLU, quien además de presentar el trabajo de la organización de derechos civiles más importante de los Estados Unidos y que él dirige, también relato su experiencia de hijo gay de una familia tradicional puertorriqueña.

Yo me orgullezco muchísimo de esta Declaración que adoptamos hace dos años.  Es muy de avanzada y muy bien fundamentada en tratados esenciales de derechos humanos internacionales. Fue desarrollada por un panel que incluyo expertos y expertas con reconocimiento internacional. Propone una visión incluyente de la sexualidad y de los derechos a ella asociados. Los derechos sexuales son presentados como indivisibles, contribuyendo a la libertad, igualdad y dignidad de todas las personas. Les invito a utilizarla como una herramienta para apoyar sus esfuerzos para promover y garantizar sus derechos.

Para la IPPF el desafío es también implementar el respecto a los derechos sexuales en sus más de 8 mil clínicas a través del mundo. Los y las trabajadores de salud necesitan información y sensibilización respecto a las necesidades especificas de las personas viviendo con VIH/Sida. El año pasado, juntamente con la Red Global de personas viviendo con VIH/SIDA y otras organizaciones, publicamos un paquete de orientación para el Fomento de los Derechos Sexuales y Reproductivos y los Derechos humanos de las Personas que viven con el VIH, desarrollado por personas que viven con el VIH. Una de sus recomendaciones más importantes es que todas las personas que viven con el VIH – incluidas las que son miembros de grupos marginados –deben tener acceso a una gama completa de servicios de salud sexual y reproductiva, lo que incluye:

  • Todas las opciones de anticoncepción, sin coerción hacia método alguno.
  • Consejería para prevención positiva y revelación voluntaria
  • Acceso al aborto seguro
  • Consejería sobre formas seguras de embarazarse
  • Consejería para amamantamiento o alimentación de reemplazo
  • Diagnostico y tratamiento de ITS
  • Prevención y atención de cáncer
  • Consejería relacionada con la violencia
  • Circuncisión para hombres que, estando plenamente informados, deseen el procedimiento.

Otra de sus recomendaciones para los servicios de salud es que las pruebas de VIH nunca deben ser obligatorias y a las mujeres embarazadas debe ofrecerse servicios de prevención, tratamiento y atención para el cuidado de su propia salud. El paquete va más allá de los servicios de salud y tiene recomendaciones importantes para la reforma de las leyes discriminatorias. Recomienda por, ejemplo, la prohibición explícita de discriminación basada en la orientación sexual, la identidad de género y la condición de VIH,  la despenalización del trabajo sexual y el reconocimiento legal de las personas trans.

Otra publicación que acabamos de lanzar es una guía sobre sexualidad y derechos para los y las jóvenes que viven con el VIH. Promoviendo una vida saludable, feliz, divertida y llena de satisfacción sexual, este guía busca ayudar a las y los jóvenes a desarrollar relaciones intimas placenteras. Basada en los derechos sexuales, la guía sugiere estrategias para tomar decisiones sobre el noviazgo, relaciones, sexualidad y formación de familia. Los derechos de que trata son:

  • el derecho de expresar y desfrutar la sexualidad
  • el derecho a decidir, cuando y como expresar su estatus
  • el derecho a tener placer sexual
  • el derecho a cuidar de su salud
  • el derecho a decidir, cuando, cuantos y con quien tener hijos
  • el derecho a servicios de salud que respecten su dignidad, autonomía  y confidencialidad.

Sabemos que esta publicación va a generar mucha oposición de las personas que tradicionalmente siempre consideraron el sexo como algo sucio y pecaminoso, y que tienen mucho miedo de que las personas lo disfruten. Pero creemos que es importante ofrecer a las y los jóvenes otra visión en que la sexualidad y el placer derivado de ella son considerados un aspecto central del ser humano. Una visión que considera a los jóvenes como titulares de derecho, tal como lo afirma la Convención de los Derechos del Niño, firmada  por más de 180 países. Todas las personas, y en especial los niños y adolescentes tienen derecho a protección contra toda forma de violencia, daño físico o psicológico,  y explotación. Pero también, todas las personas tienen derecho a condiciones que les permitan la búsqueda de una sexualidad placentera y nuestra Declaración lo afirma. Las limitaciones solamente pueden tener el propósito de asegurar el respeto por los derechos de los demás.  Como afirme anteriormente, la Declaración es revolucionaria. Recién empezamos a explorar sus múltiples implicaciones.

Una vez más quiero invitarlos a utilizar la Convención como una herramienta en la lucha por sus derechos. Al trabajar concertadamente, podemos hacer realidad nuestra visión  compartida de un mundo en el que los derechos de todas las personas se respeten, se protejan y se promuevan.

VI Encuentro de Personas con VIH/Sida | 01-03-2012 | San José, Costa Rica

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