Porqué estoy a favor del derecho a decidir

Jessie Clyde, Oficial de Programas para la Iniciativa de Jóvenes

Nuestros amigos de Catholics for Choice (Católicos por el derecho a decidir) publicaron recientemente una serie de ensayos de gente alrededor del mundo llamada “Porqué estoy a favor del derecho a decidir”. Nuestra colega Jessie Clyde contribuyó a esta serie. Aquí su historia:

Luego de tener a mi primer hijo, un amigo me preguntó si mis ideas sobre el aborto habían cambiado. Creo que lo sorprendí cuando le respondí: “¡Sí! Nunca pensé que estaría más a favor del derecho a decidir de lo que lo estaba… pero lo estoy”. Sospecho que el creyó que al convertirme en madre sería más difícil de entender por qué algunas mujeres toman una decisión diferente. Sin embargo, mi experiencia tuvo el efecto contrario y me sirvió para fortalecer mi convicción de que todas las mujeres deberíamos poder tomar esta decisiónque altera nuestras vidascon libertad.

Mi hijo es un niño de dos años muy conversador y curioso, quien llena el apartamento con dibujos de dinosaurios, mantiene conversaciones sobre trenes y chupetines, y da abrazos pegajosos. También tengo (bastante seguido) esos momentos cuando siento nostalgia de aquellos días sin hijos, aunque he superado con creces el año siguiente a su nacimiento, cuando sufrí de depresión post-parto.

No fui como aquellas madres que se deleitan en la primera sonrisa de su bebé, sus ruiditos, y primeros pasitos; yo me sentía atrapada con el bebé a solas todo el día. Encontré que esta experiencia era aislante y solitaria, y hasta aburrida. No pasó un solo día en el cual no lloré desesperadamente hecha un bollo en el sofá. Tuve miedo que mi vida hubiese dado el giro equivocado, y que no estaba hecha para ser madre. Me sentí completamente fuera de control de mi propia vida, y extrañaba mi trabajo, a mis amigos, y el tiempo libre para leer, explorar la ciudad, o irme a correr. ¡Tampoco ayudaba que era la mitad del invierno en el noreste!

Sin embargo, lo que me hizo sentir empoderada y con la determinación necesaria para transitar los días más oscuros fue saber que la maternidad había sido mi elección. Fue una decisión en conjunto con mi pareja, quien trató de ayudarme de todas las maneras posibles. Llenó de alegría a mi familia y trajo un ofrecimiento de ayuda de la manera que fuera necesaria. Fue una decisión que tomé luego de saber que todos los costos estarían cubiertos por mi seguro de salud, y que mi empleador ofrecía una licencia por maternidad paga. Finalmente, fue la conclusión a la que llegué luego de saber que iba a poder pagar por el cuidado de mi bebé luego de regresar al trabajo.

Convertirme en madre fue totalmente mi elección, y aun así me costó mucho el poder cuidar al nuevo miembro de la familia día tras día. Pensaba y repensaba en todos los millones de mujeres que tienen que pasar por lo mismo que yo pero sin el lujo de haber podido elegir hacerlo. Pensé en aquellas mujeres a las que se las obliga ser madres sin tener el respaldo emocional y económico, que son honestamente las razones por las cuales pude superar aquel año tan duro.

Entonces, sí, convertirme en madre cambió mis ideas sobre el aborto. Confirmó que la maternidad, con todo lo que implica, debe ser siempre una elección.

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