Mi pronunciamiento mexicano contra la violencia basada en género
Yolí Sánchez Neyoy, Colaboradora Invitada
Hubo un momento de mi vida, cuando mi capacidad crítica aun no despertaba, en que recibir piropos podía definir mi nivel de autoestima. Poco a poco, conforme fui entendiendo el trasfondo que lleva a los hombres a sentirse con derecho de comentar sobre la apariencia de mi trasero, empecé a rechazarlos, responder, e incluso a pensar en que es una de las cosas por las que no regresaría a México, mi país de origen.
¿Por qué tanta importancia al piropo? Porque ese acto, en apariencia bien intencionado o juguetón, que en realidad se encuentra en el mismo continuum que el feminicidio, o el abuso sexual. Y bien sabemos que tanto en México como en el resto de América Latina, esas son las tres cosas que abundan. De hecho, de acuerdo con una encuesta de la Fundación Thomson Reuters en el año 2012 sobre los mejores y los peores países del G20 para las mujeres, México tenía uno de los últimos cinco lugares en material de calidad de vida para las mujeres. Y la verdad no me sorprende. La violencia hacia la mujer y la cosificación del género femenino esta tan arraigada en México (como en otros lugares), que las personas ni siquiera perciben cuando están ejerciendo violencia.
En nuestros países latinoamericanos, culturalmente se considera como violencia unicamente aquello que implica actos físicos que agreden a la mujer: golpes, violaciones o asesinatos, por mencionar algunos. Incluso éstos pueden ser justificados por la cultura popular como “merecidos”, “buscados” o con atenuantes que no aplicarían en el caso de que la violencia fuera ejercida hacia un hombre. Minimizar a la mujer o lo femenino (“peleas como niña” indica que durante una pelea no se demuestran fuerzas, ni coordinación motriz), la sumisión como única capacidad, celar a la pareja y controlar su interacción social, a menudo con fines de “protección”, no cuentan. Se le resta importancia, “así son las cosas”. ¿Pero qué ocurre con los jóvenes y hombres que sufren de violencia de género dentro de sus relaciones? Quedan invisibles, pocos buscan ayuda, ridiculizados por una cultura en que el hombre golpeado es “poco hombre”. Alguien me quiere explicar en qué momento se nos fueron inculcados estos valores de femineidad y masculinidad y ¿por qué seguimos perpetuándolos?
Y luego, están los esfuerzos del gobierno (a menudo débiles y a regañadientes) por resolver la violencia de género principalmente a través de la vía judicial. Únicamente tipificando delitos prevenibles, intentando ocultar la violencia misma, como ocurre con los feminicidios en varias regiones del país, y finalmente, los “pobrecitos” gobiernos se ven completamente rebasados por problemas como la trata de personas con fines de comercio sexual. ¿Dónde quedo la prevención? Estos delitos nunca dejarán de ocurrir en una sociedad en la que todos tienen derechos sobre la mujer y su cuerpo, excepto ella misma y donde la mujer no es sujeto de respeto.
Espero que las denuncias aquí expuestas hagan evidente la urgencia de mi petición: es evidente la necesidad de integrar un enfoque de género, sensibilización a relaciones sanas y educación integral en sexualidad al sistema de educación que se imparte en las escuelas. Enseñar unicamente biología e infecciones no es suficiente. Entre los muchos temas urgentes y necesarios esta la educación con enfoque de género, donde la juventud aprenda y practique nuevas formas de interacción, de manera sana y sin violencia, entre los distintos géneros y al interior de los mismos. Donde se aprenda a sentir empatía por los otros, a resolver conflictos a través del diálogo, a identificar y respetar los límites verbales y corporales de las otras personas, y donde se rompan los estereotipos de lo masculino y femenino que tanto daño causan a la sociedad. Nos estariamos haciendo todos un favor a nosotros mismos.
Yoli Sánchez Neyoy es responsable de calidad de dance4life, una organización que está creando un mundo en el que las y los jóvenes estén libres del estigma y la discriminación por el VIH. Con pasión por la igualdad y los derechos humanos, añade su granito de arena, trabajando en el monitoreo y evaluación.







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