¿Cómo puede la investigación ser un catalizador para el cambio?

Jimena Valades, Oficial de Programas - Aborto Seguro

Si un acto de violencia es perpetrado pero nunca reportado ni documentado, ¿pasó en realidad?

Desde luego que la respuesta es sí. Hay muchas razones por las cuales los sobrevivientes pueden no reportar incidentes de violencia, incluyendo el miedo a las represalias, estigma, o desilusión con los agentes del orden. Encuestas de Costa Rica, Paraguay y Perú muestran que hasta el 20% de mujeres han sufrido un ataque de índole sexual, pero pocas a ninguna lo reporta a la policía. Y muchos sobrevivientes que reportan incidentes de violencia, se enfrentan con sistemas judiciales ineficaces que apuestan a la impunidad o sistemas de monitoreo de datos que actúan como agujeros negros, tragándose la evidencia de la tragedia sucedida. De todas maneras, sabemos que las estadísticas con las que contamos en términos de violencia basada en género representa solo una fracción de la dura realidad.

Aun así el punto más importante sigue vigente: hay una importancia crítica en documentar los actos de violencia contra las mujeres –sistemáticamente, con cuidado, y con continuidad en el tiempo. Esto es necesario no solo para actuar como testigos ante los abusos de derechos humanos que demasiadas mujeres experimentan en el mundo todos los días, sino también para entender la prevalencia, naturaleza y raíces de estos abusos para poder lograr una mayor efectividad en detenerlos – a través de leyes y políticas y a través de la prevención y programas de respuesta.

A pesar de que existen numerosos estudios sobre VBG a nivel país en Latinoamérica y el Caribe, hay una necesidad de obtener datos más actuales y de prevalencia nacional, así como investigaciones cualitativas en las causas, los riesgos y los factores de protección. En suma, necesitamos hacer un mejor trabajo para tener un panorama más claro y amplio de la VBG para poder responder mejor ante ella. A su vez, la falta persistente de comparabilidad entre estudios nacionales en la región ha disminuido la capacidad de sacar conclusiones más amplias y significativas. ¿Cómo alejamos el zoom para poder ver todo el panorama completo y entender la violencia a nivel regional –sus causas, lo que ha sido efectivo en prevenirla, sus costos, etc.? ¿Cómo compartimos estrategias de prevención y respuesta entre países?

Un nuevo estudio publicado este mes por la Organización Panamericana de Salud (PAHO) ha intentado re analizar investigaciones de 12 países de la región, y, por primera vez, revela un panorama más amplio y profundo sobre la prevalencia y naturaleza de la violencia en esa parte del mundo.

Globalmente se estima que una de tres mujeres experimentará violencia física, sexual o psicológica en su vida, pero este número es –al mismo tiempo- alto y bajo en las diferentes áreas de Latinoamérica y el Caribe. Por ejemplo, más de la mitad de mujeres que nunca contrajeron matrimonio en Bolivia reportaron haber experimentado algún tipo de violencia de parte de sus parejas en el curso de sus vidas. Este mismo índice es más bajo, un 17%, en la República Dominicana. El abuso emocional por parte de la pareja es endémico en la región y está estrechamente vinculado con el abuso físico. Casi la mitad de las mujeres en Nicaragua han reportado abuso emocional de parte de sus parejas durante sus vidas.

Aunque es necesaria más información al respecto, recién ahora estamos desentrañando un marco de las raíces y los factores de riesgo de violencia contra las mujeres en la región. Después de controlar un número de factores en la región, investigadores de PAHO encontraron que los factores que se asocian a la violencia de parte de una pareja incluye estar divorciado o separado, tener muchos hijos, o si el padre de la mujer era abusivo con su madre. Esto puede parecer como una mezcla rara de factores, pero es un hallazgo clave porque nos ayuda a dirigir nuestra atención más arriba en la cadena de causales de violencia, y enfocar nuestros esfuerzos programáticos en los factores de riesgo críticos.

Es también importante el documentar las historias de las mujeres que experimentan las varias formas de violencia de manera cualitativa. El año pasado, la Iniciativa Nobel de Mujeres lideró una investigación en México, Honduras y Guatemala para documentar la violencia contra las mujeres y en particular la violencia sexual perpetrada por el Estado y la industria minera en contra de las defensoras de los derechos de las mujeres. Mujeres provenientes de estos países se acercaron con mucho coraje a dar su testimonio - la mayoría de las veces bajo riesgo de vida- de sus experiencias de violencia, con sus hermanas como testigos, desarrollando nueva documentación sobre esta epidemia.

Ha habido otros esfuerzos en América Latina para apoyar el incremento de reporte de violencia entre sobrevivientes, a través de un aumento de fuerzas de policía exclusivamente compuestas por mujeres y cortes especializadas para atender los temas de violencia contra las mujeres.

Hay varias razones para mantener la esperanza que al incrementar los datos estadísticos podamos ayudar a catalizar un cambio significativo, aunque seguimos teniendo chequeos de realidad en todos lados. Mientras que 97% de los países de la región tienen leyes contra la violencia doméstica, menos de la mitad hace referencia explícita a la violación dentro del matrimonio. En noviembre, luego de décadas de trabajo de incidencia, la Ley de Violencia contra las Mujeres fue promulgada en Nicaragua. Sin embargo, el país mantiene un record de 85 femicidios en 2012, y nuevas instancias de violencia sexual salen en las noticias de la región todos los días.

A pesar de la persistencia de estos abusos, sigue siendo de vital importancia el documentar la violencia contra las mujeres y compilar datos de solidez estadística. A medida que la recolección de datos mejora y se incrementa el número de investigaciones que documentan esta epidemia a nivel nacional y regional, podríamos suponer el estar frente a un aumento de la violencia contra las mujeres. Esto puede, o no, ser así. Como la VBG es usualmente escondida y con bajo nivel de reporte, cuanto más escarbemos más vamos a encontrar. Pero el tener un panorama completo es esencial y crucial para llegar a nuestro objetivo final: prevenir y eliminar todas las formas de violencia contra las mujeres y niñas en Latinoamérica y el Caribe.


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