De visita en Surinam: la segunda parte

La siguiente es la segunda de una serie de tres partes. Haga clic aquí para leer la primera parte.

La pequeña beba estaba muy angustiada: Someterse a una prueba de VIH a sólo unas pocas semanas de su nacimiento no es lo que ella hubiera esperado; se había hecho otra idea sobre cómo serían los buenos momentos que tendría por delante. Lloraba desconsoladamente, haciendo notar su malestar en forma intensa y clara.

En ese momento, apareció Suze Holband, la Directora del Programa de Padres y Niños del S’Lands Hospitaal. A través del programa, las mujeres que viven con VIH reciben tratamiento para el VIH y también tienen acceso a servicios de consejería sobre anticoncepción y prevención del cáncer cervical, tal como lo haría cualquier mujer en la bulliciosa capital de Surinam, Paramaribo. Por un momento, la Sra. Holband deja a un lado las funciones propias de su cargo, toma a la beba en sus brazos y comienza a acunarla, mientras le susurra palabras mágicas que logran calmarla de inmediato. Con su gran sonrisa, ella cautiva a bebés y adultos por igual, irradiando calidez y amor por la vida.

Pero no nos engañemos: En Surinam, donde el SIDA y los cánceres reproductivos son dos de las principales causas de muerte, el rol que desempeña Holband –supervisar los programas nacionales de prevención del cáncer cervical y de la transmisión del VIH de madre a hijo– constituye uno de los trabajos más difíciles que existen. Sin embargo, ella no evade el desafío. Sus ojos se iluminan cuando me cuenta sobre la innumerable cantidad de bebés que pudieron mantener su condición de VIH negativos gracias al tratamiento que sus madres recibieron en el hospital S’Lands. De repente, su expresión se torna triste cuando se refiere a los pocos que “ha perdido.”

Holband también se emociona cuando nos cuenta acerca de las mujeres jóvenes que han muerto como consecuencia de abortos inseguros. Hablamos en detalle sobre la enorme cantidad de abortos que se llevan a cabo en Surinam, donde el aborto es ilegal bajo cualquier circunstancia excepto cuando corre peligro la vida de la mujer.

La mayoría son realizados en forma segura por profesionales que comprenden las necesidades de las mujeres y respetan sus derechos, incluso a pesar de que la ley no permite realizar este tipo de  procedimientos. Sin embargo, el número de muertes derivadas del aborto inseguro continúa siendo elevado, a pesar del hecho de que los anticonceptivos son relativamente accesibles. En especial las mujeres jóvenes tienden a mantener relaciones sexuales sin protección. Cuando pregunto por qué, Holband me responde de manera categórica: ¡Porque nosotros no hablamos de sexo!

En Surinam, al igual que ocurre en cualquier otro país de las Américas y del Caribe, los adolescentes constituyen el grupo poblacional con de necesidades insatisfechas de acceso a métodos de anticoncepción, pese a que muchas de ellas/ellos son sexualmente activos. Según el Guttmacher Institute, aproximadamente la mitad de las mujeres no casadas que son sexualmente activas no utilizan ningún tipo de método anticonceptivo, y Surinam no está excluido de estas cifras.

La mayoría no desea quedarse embarazada, y aunque muchas saben cómo evitar un embarazo, son muy pocas las que utilizan condón o toman pastillas. Los anticonceptivos no se distribuyen ni en escuelas ni en otros sitios a los que habitualmente concurren adolescentes, y son costosos, sobre todo para aquellas/os adolescentes que viven en situación de pobreza.

El peso de los viejos tabúes recae sobre las y los adolescentes de todas las clases sociales, haciendo que les  resulte difícil conversar en forma abierta con sus pares y sus padres sobre las elecciones de vida y el ejercicio de la sexualidad en forma placentera y responsable. Además, y al igual que ocurre en muchos países, un factor que está en juego es la discriminación arraigada: se supone que las mujeres jóvenes y bonitas no deben mantener relaciones sexuales, y muchos menos hablar sobre ello.

Las consecuencias de este silencio pueden ser terribles para las y los adolescentes y devastadoras para las comunidades. Es hora de reconocer los derechos sexuales de las personas jóvenes de todos partes!


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